Sonia España y el gozo de cantar

Jennie Carrasco

Cantante, compositora, bailarina y gestora cultural

Esmeraldas, 1966

 Conocieron mi voz porque no fui cobarde, quise avanzar. Cada gota de agua que me ha caído, cada palo de sol, me han servido

Su vida artística comenzó desde que el padre, en las madrugadas, ponía en su almohada una grabadora y sonaban valses, pasillos, música popular. Su mamá arrullaba. La contrataban para cantar en los santos de Carmen, María, Rosa. Todos los días de santos eran festejo.

Agarrada de su pollerón, iba con sus maraquitas, coreando a su mamá. “Era un montón de gente que andaba por las calles del pueblo con una sábana y la gente colaboraba con sucres”. 

El canto, que siempre la ha acompañado, le ayudó cuando, un día, no tuvo el pasaje para ir a retirar a su hija del jardín de infantes. “Me subí en un carro, se me prendió el bombillo, le pedí al señor chofer que me permitiera cantar, él bajó el volumen del receptor y canté”. Mientras ella entonaba sus canciones, se oía el tararear de su hija. Todos los pasajeros colaboraron. Se bajó del bus con 18 mil sucres, con los que compró carne, lentejas, queso, mantequilla.

Entonces, comenzó. Se vestían elegantes ella y su niña e iban a los buses intercantonales. Tiene infinidad de experiencias como aquella vez en que llovía fuerte, y había una hilera de carros. Se subió a varios buses. Regresó con el bolso pesado con los sucres recogidos. Más tarde se organizó con guitarristas, se llamaron trío Las Palmeras y cantaban en las playas, en bares, comedores, parques. 

Al inicio cantaba música popular hasta que se conectó con el folclor esmeraldeño y no lo dejó más. Canta chigualos, arrullos, a lo humano y a lo divino. Alabaos, loas son parte de la esencia cultural, con marimba, cununo, guasá, bombo. Le resultó fácil aprender a tocar y cantar andarele, Caderona, Torbellino, Fabriciano. 

Se profesionalizó en voces, en el centro cultural Mama Cuchara. También hizo un curso de Antropología en la universidad, en Esmeraldas. En Atacames, conoció a Lindberg Valencia y grabó con él. Ha sido su maestro, amigo incondicional, “como un hermano”. Recuerda que grabó con Margarita Laso y Pablo Valarezo. Con Susana Baca, Papá Roncón, María Tejeda, Rosa Huila. Con la CECONDEM grabó “Manglar”. “Tierra gentil”, con Kevin santos, en Ochun con Rosa Mosquera. Ha cantado en Azúcar y cuenta que, con Sonia Viveros, hay una bella amistad. 

Con Papá Roncón fueron invitados especiales, a un festival en Colombia.  Con Gualajo, marimbero colombiano, viajó a un festival en Brasil. Estuvo en Cuba, en Colombia, Tumaco, Cali, Bogotá. En Bolivia y Perú, con Tierra Negra. A veces sola, en México, Brasil, Chile, Uruguay. Fue a Argentina con Alberto Caleris y Riccardo Perotti. “Me ha ido bien, me ha gustado. Subirme a un escenario es una magia, y lo disfruto. Lo importante es tener ese aplomo de que uno va a poder continuar”. Ha cantado en Tierra Negra, Tierra Verde, Manantial, Etnia, Presencia Negra. Durante bastantes años cantaba y no le pagaban. Hoy cobra lo que debe cobrar. “Si Dios me dio esta voz tengo que cantarle al mundo”. 

Bonguear ETC es el grupo de 16 personas que comanda. Cantan folclor y popular, todos los instrumentos ancestrales, bailarines y músicos. Cose los trajes, se encarga de contratos. Su hija la acompaña, se sube a tarima y cantan las dos. 

Habla intensamente sobre cada detalle de su vida. Un episodio triste, cuando le robaron la casa. Para apoyarla, el alcalde organizó un evento.  Le consiguieron trabajo en Muisne para que diera talleres de canto y para que cosiera los trajes del proyecto cultural de canto, arrullos, danza. En 2009, le quemaron la casa. Pero ella, con toda su fuerza, comenzó de cero, otra vez. “Soy una mujer que tiene un lema: luchar con garra, alma corazón y vida. Eso es lo que siempre he hecho”. Sobre todo, desde que nació su nieta, que es la persona que la hizo sentir que debía seguir luchando. Ahora tiene tres hermosos nietos. Su nieta mayor también canta y cose. 

De niña vivió unos años en Guayaquil. Allí se educó. Creció. Volvió a Eloy Alfaro y vio que nada había cambiado, entonces se propuso llevar lo que había aprendido para ponerlo al servicio de su cantón. Y se convirtió en activista social y promotora de los derechos de las mujeres afroecuatorianas. Ha sido una lucha para “que nos tomaran en cuenta, que aportamos, pero estábamos siendo excluidas. Esta participación política nos puede cambiar la vida y cambiarle al pueblo donde nací y que quiero”.

Aparte de ser cantante, Sonia es diseñadora. Cose. Cantar o escribir temas es como coser un traje, dice, todo colorido. Al inicio, cosía a mano los trajes que inventaba. Es la única diseñadora de la localidad. Tiene al menos mil trajes para alquiler. También elabora collares, pulseras, aretes, turbantes. “Cuando estoy cosiendo un traje veo la persona, si es apagada, le pongo alegría al traje. Una persona que represente la ciudad, le pongo la greca dorada, los encajes vistosos, voy acoplando el vestido a la persona. Para las más coquetas el vuelo de hombro a hombro”.

Ella sabe que es buena cantante, “si voy a cantar tengo que sentirme bien, si voy a coser un traje tengo que hacerlo bien. Lo importante es avanzar sin quejarse. Este sueño terminará cuando mis ojos se cierren. Mi vida es mágica. Hasta que mi voz reviente, cantaré por siempre. Cuando me muera entiérrenme en la tierra, porque tierra somos y a la tierra regresamos. Que haya comida, que canten mis canciones”.

Sonia Jacqueline España Carabalí 

Nanao

Proyecto Kimbe

Quito, 2017