Rosa Elvira Palomeque, una gran alfarera

Jennie Carrasco

Chordeleg, 1900 – 1986

Siempre trabajaba con alegría, poniendo mucho amor en cada pieza, visualizando los colores, las formas, los acabados

Nació en 1900 y fue la primera mujer que se dedicó a este oficio en el siglo XX, de ahí que su figura es muy importante en el cantón Chordeleg, provincia del Azuay. Grupos feministas la rescatan como una pionera en un trabajo siempre reconocido como actividad de hombres. Ella no tuvo problema en realizar todo el proceso: preparar la arcilla, que era traída de lejos, moldear en el torno y pintar cada obra. Esto le permitió romper la concepción patriarcal de que ciertos oficios estaban destinados solamente a los hombres.

Su actividad va más allá de la herencia familiar. Viene de las raíces alfareras de la Cultura Tacalshapa, del pueblo Kañari, que fueron retomadas y vueltas a consolidar en la segunda mitad del siglo XIX. Desde entonces, el oficio se ha transmitido de generación a generación. Esta práctica sirvió para que Chordeleg fuera integrada a la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO, en 2017, por “su rica tradición artesanal, especialmente en la alfarería, orfebrería, tejido de paja toquilla y calzado. Estas actividades representan el 66,20% de la Población Económicamente Activa, siendo el 58,37% mujeres. La UNESCO reconoció a Chordeleg como Ciudad Creativa, destacando su herencia cultural y la habilidad de sus artesanos…”. Rosa Elvira una gran representante.

Habiendo crecido en una familia de alfareros, Rosa Elvira aprendió, desde niña, a moldear la cerámica. El torno y el horno de barro heredados de sus abuelos y sus padres fueron parte entera de su vida hasta el final. Cuando murió su esposo, el manejo a tiempo completo del taller familiar, fue muestra de su entrega y su creatividad, y un reto para conseguir el sustento de sus hijos. Antes de la muerte de su esposo ella se limitaba a pintar las obras trabajadas por él. Frente al liderazgo en el taller, creó y moldeó piezas que la situaron en un lugar preponderante en la alfarería de la provincia del Azuay y del país. 

Una estampa de la Virgen en una de las paredes de barro de su taller, la palangana también de barro, con agua para remojar la arcilla, el torno sobre un poyo de adobe recio y seguro, fueron parte del escenario para su devoto trabajo. Cuentan que, con sus manos gruesas y firmes, bendecía cada pieza antes de decorarla. “Su risa franca, la trenza con cinta roja y el café colado en una olleta hecha por ella misma sellan una vida de trabajo, resistencia y orgullo artesanal”. Cada una de sus piezas llevan parte de la memoria y la historia
de Chordeleg. 

Entre sus reconocidas obras se encuentran platos, jarrones y piezas utilitarias, decorados con aves, flores, diseños inspirados en la naturaleza. Pintados o en alto relieve, animales o figuras ancestrales, pequeños o grandes, muestran la belleza de sus manos de artista que pintaban como una forma de meditar, en una combinación única de colores y formas. Una de sus piezas más conocidas es un cáliz de cerámica que Rosa Elvira entregó personalmente al papa Juan Pablo II, en su visita al Ecuador, en 1985. Esta pieza se exhibe en El Vaticano. 

El papel de mujeres como Rosa Elvira, ha sido vital en cuanto al diseño, la paciencia y entrega a cada línea y dibujo y, sobre todo, en cuanto a transmitir la sabiduría y destreza para manejar los procesos de este oficio. 

Según testimonio de quienes la conocieron, siempre trabajaba con alegría, poniendo mucho amor en cada pieza, visualizando los colores, las formas, los acabados.

Su hijo Carlos Ríos Palomeque heredó el taller y las habilidades. Cuando tenía 12 años aprendió el arte de su padre Miguel Ríos y de su madre Rosa Elvira. La esposa e hijos de Carlos, igualmente, se dedican a crear objetos de cerámica, siguiendo la práctica de Rosa Elvira. Los colores los consiguen de plantas como sauce y eucalipto. Son piezas vidriadas como jarrones, jarras, tiestos, ollas, macetas, obras únicas que son muy apreciadas en el mercado.

Rosa Elvira es recordada en el Museo Municipal de Chordeleg, donde se exhibe su fotografía moldeando el barro como símbolo del orgullo artesanal de la región. 

En Mujeres creadoras: su obra, su vida, el colectivo cuencano GAMMA resalta su presencia “como una mujer que predicaba la alegría en el trabajo, el amor a cada pieza que elaboraba, sus consejos a favor de la paz y en contra de la violencia, sus sabias palabras, y su deseo de continuar con sus actividades hasta morir. Sus obras se encuentran repartidas por muchos lugares, así como sus enseñanzas y su aporte al arte y a las culturas de nuestro país”.

Rosa Elvira Palomeque

Reconstrucción digital  mediante IA y edición: Freddy Coello, 2026