Jennie Carrasco
Yo nunca tengo la necesidad de hablar. Y la gente no necesita que hable
En un mundo en el que el ruido es cada vez más aturdidor, no solo el ruido externo sino el alarido interno, el mimo llega a ser un arte maravilloso para llevarnos de vuelta al silencio de la creación, al vacío de la mente, a la paz interior.
Paulina se entusiasmó con el mimo cuando, de niña, su papá la llevaba a las funciones de José Vacas, el mimo más conocido de Ecuador. Hay pocos grupos de mimo en el país, uno de ellos “La Buena Compañía”, creada hace muchos años por José Vacas. Paulina empezó en el mundo del teatro en el colegio. Estudió en la escuela de Teatro, con una licenciatura en actuación. Un año después estudió en la escuela de mimo y pantomima de José Vacas. Hizo algunas obras con su maestro. En 2008, él fundó el grupo “La Buena Compañía”, con algunas egresadas. Desde entonces, “La Buena Compañía” sigue trabajando, con un elenco diferente. De las fundadoras solo queda ella.
Paulina es intérprete, mima. Le encanta el mimo, lo ama, es su vida. Además, le gusta trabajar en grupo. Que no sea solo un elenco que le contrata para hacer una obra aislada, pocas funciones. Le gusta esa especie de escuela que sigue siendo el grupo. La puesta en práctica, no solo de lo aprendido en la escuela de Vacas sino toda una disciplina que él les inculcó, esa impecabilidad en las presentaciones. Es difícil, sobre todo porque hay que pagar los vestuarios bien hechos, con buena tela, buenos diseñadores, buenas costureras, no sirve eso de “mi abuelita tiene un traje que de pronto sirva”. Y dar la mayor cantidad posible de funciones, en la mayor cantidad de espacios, teatros, barrios, lugares donde nadie ha visto mimo, ni siquiera teatro.
Decir todo, sin decir una palabra. Hablar desde la expresión del rostro, impasible, alegre, triste, cada gesto un mensaje, cada rictus diciendo. Puede ser máscara alegre o rostro inexpresivo, contando una historia. Paulina afirma ser bastante callada, prefiere oír lo que conversan los demás. Entonces el silencio es su mundo y eso le permite meterse en el mimo fácilmente.
Aunque el teatro le encanta y también hizo obras de teatro con parlamentos y diálogos, el mimo es su trabajo fuerte, “cada cosita se ensaya, ensaya, ensaya”. Siente que su cuerpo puede hacer eso. Después de practicar un buen tiempo lo logra. Como un escritor que luego de escribir debe pulir su texto hasta dejarlo perfecto. Es raro y más difícil. El estilo de “La Buena Compañía” de trabajar el mimo no es tan clásico como el de Marcel Marceau, el grupo usa más escenografía, telones con diferentes escenas, vestuarios, música, efectos especiales. Es una mezcla de mimo clásico con teatro corporal, utilizando todas las partes del cuerpo.
Desde 2008, Paulina no ha dejado el trabajo en “La buena Compañía”. La mayoría mujeres, siempre han estado actuando, ensayando, haciendo obras nuevas. Es seguir trabajando y mejorar en cada función. “Es como la vida, a veces te sale bien, y al otro día otra función y la misma escena no sale tan bien. Pero eso es el esfuerzo, el trabajo”.
Ha actuado en al menos en 12 obras de mimo. En varias obras dirigidas por José Vacas y muchas con “La Buena Compañía”. Por ejemplo “Cyrano de Bergerac”, ciertas escenas con los tres personajes principales. “La lección” de Eugène Ionesco, obras de teatro adaptadas a mimo. Ahora están trabajando en un cuento original infantil, para adaptarlo a mimo y presentarlo al público.
El mimo no es muy conocido, no es tan fácil. Los adultos tienen que pensar para interpretar lo que el mimo quiere decir con su cuerpo, con las escenas. A veces los niños les explican a los papás. Porque es otro lenguaje, entonces hay que estar más atento a cada movimiento, al significado de cada elemento. Una mesa puede convertirse en una cárcel, un palito en una espada.
Paulina recuerda que hicieron muchas funciones para la gente afectada por el terremoto de 2016, en Esmeraldas y Manabí. Presentaron “La familia Pérez y mimos”, una obra inicialmente para niños, pero resultó ser para todo público, gente de la tercera edad que se sentían contentos, identificados.
Han dado más de 200 funciones de esa obra, en teatros, en barrios de Quito, plazas, una iglesia, pueblos. Son escenas de una familia de tres mujeres que se quedaron solas con un circo a cuestas. Las tres, además de su vida familiar, tenían que hacer de payasos, de león, músicos, equilibristas, diferentes escenas que interponían una de circo, dos de familia, o dos o tres de circo y una de familia.
Hace un año se fue una compañera y quedaron dos integrantes. Siempre con el afán de difundir este arte tan especial y silencioso, preparan una nueva obra, basada en un cuento, adaptado a mimo, “La señora de los sueños y Payasín”. Paulina está segura de que toda la familia disfrutará. Con las obras infantiles pueden llegar a más público.
A veces hay poco público, tres, cinco personas, pero su disciplina -herencia de José Vacas- es presentarse, aunque haya una persona. Porque esa persona hizo el esfuerzo de ir a verles. Entonces, no es fácil. No hay mucho público y hay que cubrir los gastos que implica el vestuario, utilería, escenografía, transporte. Por eso es difícil vivir del oficio. A la gran mayoría le toca tener otra profesión que le da de comer, y el arte. Paulina es correctora de estilo. Le encanta leer, “con eso como”, asegura. Y también es un arte corregir textos.

Paulina Rodríguez
Fotógrafo: Luis Cáceres
Obra: La familia Pérez&Mimo
Personaje: Mujer de la familia Pérez&Mimo
Teatro: Asociación Humboldt
Quito, 10 de febrero de 2014

