Pasionaria Pazmiño Trotta: retorno a los ancestros

Jennie Carrasco

Honro el pasado artístico, buscando en la forma y el color, la razón eterna del arte

Pasionaria nació en 1942. El padre le puso ese nombre en honor a Pasionaria, la revolucionaria, dirigente del partido Comunista de España.

Desde chiquita se inclinó por las artes. Su padre y su abuelo eran talladores y ella creció en ese mundo. A la casa de Chimbacalle llegaban músicos como Pedro Echeverría, el Pollo Ortiz y su padre, Miguel Ángel Cazares, Olguita Guevara; escritores, pintores como Mideros, talladores; pensadores como Luis Verdesoto Salgado. Era un centro que rezumaba arte por todas sus paredes. Con esa herencia, la niña no conocía en la vida más que esas manifestaciones. “Con ellos aprendí a quererle a este país”.

Le gustaba mucho pintar y estudió con su padre en el taller de pintura “Barricadas”. Empezó trabajando reproducciones de los más reconocidos artistas en los museos europeos. Y, aquí, encantada con Joaquín Pinto, reprodujo algunas de sus obras. Cuenta que el director del Museo de Historia de Quito, Jorge Garcés, sensible ante tan animosa artista, le permitió entrar para copiar los cuadros. Pasaba horas reproduciendo fielmente el estilo de Pinto.

Cuando tenía 17 años conoció a Nela Martínez y Marietta Cárdenas, que la invitaron a ser parte de un grupo de mujeres del partido comunista. En sus reuniones hablaban de política, de educar a los jóvenes. Salían a las marchas, a las huelgas de las fábricas. Se conversaba y se planificaba.

Fue en ese medio que conoció a Carlos Rodríguez, a quien impresionó su nombre y, sin más, le propuso matrimonio. Se casaron un 18 de octubre y se unieron sus gustos por lo profundo del arte y la actividad política. Ella se dedicó, sobre todo, a sus creaciones, a pintar, dibujar, diseñar. Ventajosamente, siempre tuvo ayuda en las tareas domésticas. A las hijas y el hijo les formó de pequeñitos para que sean responsables e independientes. La educación “corrió sobre ruedas”. Ellos también crecieron de la mano del arte, acentuando sus gustos individuales. “A los hijos se les educa con el ejemplo. A las 5 de la mañana ya estábamos en el escritorio”.

Entonces el tiempo era oro para esta multifacética mujer que dedicaba muchas horas a su arte. En sus miniaturas y en las reproducciones de museos trabajó con óleo. Hizo un poco de acuarela, batik, plumilla, pastel.

Entrar a su casa es un viaje al territorio de hace miles de años. Cada mueble, cada cuadro, cada dibujo en la pared, las columnas, tienen diseños de sellos y otros objetos preincaicos. Pasionaria y su esposo dedicaron muchos años a investigar sobre las expresiones artísticas del pueblo Kitu Kara y su fascinante simbolismo. De ahí ella decodifica las figuras, las líneas, los grabados en alto y bajo relieve, la estética, plasmando “en un espacio reducido al mínimo, la idiosincrasia del hombre de nuestro pueblo, la naturaleza sin igual de nuestro suelo, el cielo y la atmósfera transparente de nuestra luz ecuatorial”.

Creía firmemente en que toda la artesanía para exportar podía basarse en los ricos diseños de las culturas Valdivia, Jama Coaque, Manteño Huancavilca, Chorrera, Negativo del Carchi, amazónicas. En esa variedad, cualquier diseño que le gustaba, lo sacaba para reproducir. “Me gustaba que todo tenga arte, el arte nuestro. No me importa lo que hacen otros, no me gusta. Todo he hecho con base en lo que he encontrado, hay maravillas y no son conocidas”.

Joyas de plata con diseños de las culturas nativas, serpientes, vasijas, joyeros, repisas, geometría, todas esas obras forman parte de la investigación hecha para armar un libro, del cual es coautora con su esposo. De esa profunda pesquisa surgió la infinidad de objetos que, más allá de estar bien construidos, son cada uno en sí, obras de arte, en diferentes tamaños, desde la miniatura de centímetros, hasta el formato que cubre una pared o está en una columna, en un capitel, en la pileta del patio.

En sus creaciones priman los temas sociales. También hace murales. Los pintores se admiraban al verla como pintora miniaturista y al mismo tiempo muralista.

Ha mostrado su obra en exposiciones individuales en Caracas, Venezuela; Sofía, Bulgaria; La Habana, Cuba; la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en Quito; la Fundación CELARG (Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos), en Caracas; la Tercera Bienal de Miniatura, Quebec, Canadá; y en el Centro Cultural UNESCO, en Quito.

También fue condecorada por el Ministerio de Cultura de Sofía y, en Quebec, quedó tercera, entre 900 obras, por la votación del público. Es justo y necesario que Pasionaria, a quien nunca le gustó el medio artístico -prefería su soledad para trabajar incansable-, muestre su intensa creatividad al mundo actual, para reivindicar su nombre que, como otros de artistas mujeres, no son lo suficientemente reconocidos. Pero a ella parece no importarle, lo único que de verdad siempre le interesó es trabajar y trabajar por el placer de hacerlo. “No estuve en cocteles ni en reuniones de artistas, no estuve con amigas, mi pasión era trabajar”.  

Pasionaria Pazmiño Trotta

Fotógrafo: Fabián Sandoval

Inauguración de la Exposición «Mujeres Mágicas»

El Palacio de Cristal, Centro Cultural Itchimbía 

Quito, 24 de julio del 2025