Jennie Carrasco
Médica, poeta y activista feminista
Loja, 1889 – 1974
La mujer es templo místico donde se encierra la esperanza que la patria en lontananza ha alcanzado a divisar
(El deber de la mujer)
En el Ecuador de los años 20 había ya un ambiente propicio para que las mujeres ocuparan su lugar como ciudadanas con derechos. Desde la revolución alfarista estaban habilitadas para ingresar a estudios universitarios, ingreso formal al empleo público, mayor participación en la economía fuera de casa, y acceso al voto. Matilde Hidalgo fue pionera en concretar muchos de esos derechos.
Nacida en Loja el 29 de septiembre de 1889, Matilde creció junto a su madre, Carmen Navarro del Castillo, venezolana, hija de Francisco Navarro (radical venezolano que migró debido a las dictaduras), y sus hermanos, sin el padre que había muerto antes de ella nacer. En su casa había un ambiente liberal y culto, en el que influía, sobre todo, su madre. Su hermano mayor, Antonio, músico y compositor, la guio en una época en que las mujeres estaban para la casa y la crianza de los hijos.
Estudió la secundaria en el colegio Bernardo Valdivieso, cuando las mujeres apenas terminaban la primaria. A pesar del rechazo de los varones, terminó sus estudios (fue la primera bachillera en el país), y apuntó a la universidad. Quería estudiar Medicina. En la Universidad Central, el rector Lino Cárdenas, le negó la matrícula y le recomendó seguir Obstetricia o Farmacia. La Medicina era para los varones.
Sin cejar en su intención de ser médica, viajó a Cuenca y se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad del Azuay, obteniendo el grado de licenciada en 1919. El mismo año terminó sus estudios en la Universidad Central. Con su tesis, “El estudio sistemático de los accesos eclámpticos”, aprobada en 1921, se convirtió en la primera médica graduada en el Ecuador.
Diferentes instituciones médicas se juntaron para publicar, en 2021, un amplio volumen por los cien años de su graduación, con artículos sobre su vida y diferentes enfoques de su trayectoria. En uno de ellos puede leerse: “Fue una mujer que… para lograr sus ideales y propósitos, le fue suficiente acumular conocimientos, distinguirse en sus estudios, conocer sus derechos y deberes, aplicarlos en el marco de la ley y exponerlos ante las autoridades con la limpieza y claridad de su talento”.
Flamante profesional, regresó a su ciudad natal para trabajar atendiendo a los enfermos. Al inicio tuvo un gran recibimiento, pero en poco tiempo, hubo envidia e incomprensión. Decidió irse de Loja y no volver. En 1922, se fue a Machala, donde aceptó la subdirección de asistencia pública de la provincia, y puso a funcionar el sistema de salud con eficiencia.
Para que sus hijos estudiaran el bachillerato viajó a Quito. En la capital se dedicó a la medicina y también a actividades en defensa de las mujeres. Le propusieron ser candidata a diputada y ganó, pero entonces no era posible que los patriarcas aceptaran que una mujer había sido elegida para una curul en el congreso. Fraude y la pusieron como suplente.
Se movía en el círculo de mujeres intelectuales y profesionales de Quito. Su amiga Zoila Ugarte de Landívar, periodista, escritora, activista por los derechos humanos y feminista la invitó a ser parte del Círculo de Prensa Capitalina. Fue amiga de Luisa Gómez de la Torre, política afiliada al partido comunista, María Angélica Idrobo, Raquel Verdesoto, Memé Dávila, entre otras. Todas brillantes, visionarias y destacadas desde etapas tempranas de sus vidas, por su pujanza, dedicadas a las ciencias, la educación y las artes.
Existen varias biografías y estudios sobre esta mujer pionera en el Ecuador. Con respecto al voto de las mujeres, el artículo de la constitución que indicaba que solo los varones pueden ejercer el derecho al voto desapareció en 1897 y se reiteró por la Asamblea de 1906. Así, en 1924 el Consejo de Estado dictaminó que no existía ningún impedimento legal para que las mujeres ejercieran el derecho a votar. Ella es la primera que se acercó a votar. La historiadora Ana María Goetschel reflexiona sobre este hecho y, aunque según ella, Matilde no es una heroína, porque las condiciones ya estaban dadas, su actitud es plausible porque cuestionó el sistema, porque sorprendió a todos, dando el primer paso.
Acompañada por su esposo, se presentó en el registro electoral de Machala para inscribir su nombre en el padrón electoral. Al principio se lo negaron, aduciendo que el voto era solo para los varones. Ella apeló, insistió y al final logró empadronarse.
Ella y otras mujeres abrieron las puertas para que, ahora, gocemos de acceso a derechos negados antes de sus valientes decisiones. Aún queda camino por hacer, silencios que romper, pero su guía y su ideal están sembrados. Su nombre está en la memoria de quienes en la actualidad se han hecho cargo de continuar con su legado.

Matilde Hidalgo Navarro
Reconstrucción digital mediante IA y edición: Freddy Coello, 2026

