Jennie Carrasco
Tuve que usar un nombre cambiado, Evelina Orellana, por el pudor del medio que no permitía a las señoritas actuar en público sin desmedro de su buena reputación
Evelina Macías nació en Balzar, provincia del Guayas, el 26 de abril de 1908, cuando se inauguraba el ferrocarril que unía Guayaquil y Quito; se vivía la peste bubónica, que entró por el puerto y se propagó por el país. En Guayaquil se demolía el cabildo colonial debido a plaga de ratas; se construía el mercado norte. Ese año, en el muelle, los barcos mercantes y canoas atracaban con cantidad de mercancías que transportaban por toda la región.
En ese escenario de inicios de siglo, creció Evelina y se acercó, en 1922, a clases de mímica y simulación en la academia del italiano Carlo Bocaccio. A los 16 años se convirtió en la actriz principal de El Tesoro de Atahualpa, película muda de ficción, dirigida por Augusto San Miguel. Fue el primer filme argumental del cine ecuatoriano, con el que se iniciaba el arte cinematográfico en el país. Evelina interpreta a Raquel, una joven a quien enamoraban el héroe y el villano. Según la sinopsis, un estudiante de medicina emprende la búsqueda del tesoro de Atahualpa, luego de salvar la vida de Ramanchen, un indígena anciano que le revela el secreto para hallar el tesoro. Durante su aventura se enfrenta a Erie Van den Enden, un extranjero ambicioso que también va tras el tesoro.
La película se rodó en Guayaquil, Durán y varias poblaciones a lo largo del recorrido del Ferrocarril Transandino.
La actriz también fue conocida como Evelina Orellana o Evelyn Nayoor, nombres artísticos que adoptó para evitar que la señalaran con el dedo, y ser rechazada en una sociedad extremadamente conservadora, en la que las mujeres no tenían acceso a la vida pública ni a espacios laborales dominados por los hombres.
La película se estrenó el 7 de agosto de 1924 en los teatros Edén y Colón de Guayaquil y el 16 de agosto en los cines Variedades, Popular, Puerta del Sol y Royal Edén de Quito. Pero de su celuloide no queda rastro. La única información que se tiene reposa en la Cinemateca Nacional del Ecuador y ha sido sacada de los diarios de la época que dan cuenta de que, en el estreno en la ciudad portuaria, el público aplaudió de pie y pidió la repetición de varios fragmentos, e incluso esperó a los artistas a la salida de los teatros para vitorearlos.
En octubre de 2006, el ministro de Cultura de Ecuador, Raúl Vallejo, instituyó el 7 de agosto como día del cine ecuatoriano, en honor a la fecha de estreno de El tesoro de Atahualpa.
Evelina actuó como protagonista en otras dos películas: Soledad, nuestro poema nacional, dirigida por Carlo Bocaccio, en 1925, filmada en la hacienda Angélica, de Félix González Rubio, con el apoyo de la naciente productora Guayaquil Films Co., formada por Augusto San Miguel, quien, en 1924, había importado de Europa los equipos necesarios para hacer cine, “con la firme intención de dar vida a la industria cinematográfica nacional”. Soledad tuvo el apoyo financiero de Emilio López Mosquera y el trabajo en cámara de Rodrigo Bucheli. El guion fue escrito por Rodrigo Chávez González “El Triana”.
También actuó en Guayaquil de mis amores del argentino Francisco Diumenjo, la primera película ecuatoriana con doblaje sonoro en vivo,producida por Ecuador Sono Films y estrenada en 1930. Fue su última película. Posteriormente actuó en varias obras teatrales.
Evelina falleció el 21 de octubre de 1986 en Guayaquil, a los 78 años.
Es importante hacer referencia a Augusto San Miguel, que es el iniciador del cine en el país. Entre 1924 y 1925, su compañía presentó también Se necesita una guagua y Un abismo y dos almas, y tres documentales Panoramas del Ecuador, Actualidades quiteñas y El desastre de la vía férrea, que fueron reconocidos y aplaudidos por los públicos de Guayaquil y Quito.
Lamentablemente no quedan rastros de ninguno de los trabajos de Augusto San Miguel. Corre la leyenda de que pidió que, a su muerte, lo enterraran con toda su obra.

Evelina Macías
Foto tomada de internet

