Jennie Carrasco
Que las otras personas puedan sostener la mirada frente a cosas difíciles pero reales
Ha manejado una cámara de video desde la infancia, cuando fue la reportera de la familia al emigrar su padre y pedirle que documentara la vida familiar para ver el crecimiento de ella y sus hermanos.
Eso la llevó a descubrir el mundo del documental. Aunque inició como vestuarista en la película Big bang, con Wilson Burbano, con más interés por el cine y la producción, formó parte de una productora llamada Espectral, colectivo audiovisual. Trabajó muchos años como productora audiovisual. Entonces, recordó que siempre había tenido la cámara y empezó a hacer sus propios proyectos. Le encanta manejar cámara, dron, ser directora, productora, sonidista, realizadora. La edición siempre la ha hecho David Navarro a quien conoció en la Casa de la Cultura.
Ana ha producido videos para organizaciones y festivales. Su primer cortometraje experimental es “Vórtex del placer sagrado”. En ese tiempo trabajaba con mujeres que vivían violencia. Ahí empezó a ser realizadora y documentalista. Luego hizo un documental en la comunidad de Telembí, Esmeraldas: “Aquí nadie ha muerto” que retrata la cosmovisión de la comunidad en torno a la muerte. Después hizo un corto documental “Las Naves, un cuerpo vivo”, que muestra la defensa del territorio frente a la minería.
Su ópera prima, el largometraje Mama, es un documental íntimo sobre su experiencia con el cáncer de mama, contado en primera persona. La quimioterapia fue al inicio del confinamiento por el COVID, una experiencia dura y solitaria. Empezó a perder el pelo sola. Entonces tomó la cámara y registró cada momento. Filmaba su vida en el encierro para acompañarse.
Un día quiso dejar de preguntarse “¿por qué yo?” y decir más bien “¿para qué?”. Y decidió hacer el documental que, más allá de contar su propia historia, habla del cáncer en mujeres jóvenes e invita a reflexionar sobre el acompañamiento, y sobre cómo llegar a una sanación colectiva en esta sociedad enferma.
“Ha sido una gratificación a mi cuerpo, le agradezco por seguir sosteniéndome y haber decidido transmutar todo esto. La gente no quiere hablar de esta terrible enfermedad. Siempre está la culpa, la religiosidad, desde el entorno familiar, ‘qué estarás pagando, qué habrá hecho tu familia’”. Liberar de esa culpa a muchas mujeres puede ser sanador, liberador, propone Ana. Que esa persona sepa que no es su culpa, que no se lo ha buscado, que no es víctima. Por eso, para ella Mama es lo más bello que ha creado.
Y muestra su cuerpo para que puedan verse esos otros cuerpos. Cuestiona los avances tecnológicos, la inteligencia artificial, las bombas y drones y sus ataques precisos, pero no existe un método de detección temprana para el cáncer de mama, solo la agresiva mamografía.
Alrededor del documental nació la campaña de impacto “¿Cómo te acompaño con este cáncer?”. Para eso, Ana diseñó un juego de cartas: “Acompañar también se aprende. Para iniciar conversaciones difíciles”. Hermosas, con contenido profundo y directo, abren puertas al acompañamiento con preguntas clave para aclarar el interior de quien acompaña y quien es acompañada.
El estreno mundial de Mama fue en Toronto en el Festival HotDocs. En Ecuador se estrenó en el Festival Internacional de Cine Documental Encuentros del otro cine-EDOC. La película ganó como mejor votada en Quito y el jurado joven también dio el reconocimiento como mejor película.
La obra de Ana se basa en la experimentación. Crea mientras va filmando. Sin guion, sin pasos a seguir, prueba, siente su cuerpo, la vida, la respiración. Con la cámara, le gusta estar presente ante las sorpresas de la vida, como niña. Es lo que le hace vivir, vibrar. Para ella, lo importante es que Mama, por ejemplo, plantea discusiones dentro de estéticas preconcebidas en cuanto a la imagen y el cuerpo. “Por eso yo me filmo a mí misma para que vean estas otras realidades, estos otros cuerpos que pasan por enfermedades, por amputaciones, tienen cicatrices”.
Porque la sanación va más allá del cuerpo. Desde su actividad, siente que está logrando mucho. Y aunque se considera una humana más, no guerrera ni extraordinaria, invita a las mujeres jóvenes a encontrar sus propias medicinas, su propio camino. Pueden liberarse, estar un poco más en paz. Y para eso ha servido el documental.

Ana Cristina Benítez
Foto: Julia Elena Erazo Pillalaza
Documental MAMA
Quito, 2025

