Aurora Estrada i Ayala, más allá del mar

Jennie Carrasco

Poeta, articulista, narradora, educadora y política

Pueblo Viejo, provincia de Los Ríos, 1901 – 1967

Más acá del mar de los caminos múltiples al mundo.
Más acá del mar que lleva en sus olas los sueños de los hombres.
Más acá del mar que surcan hoy barcos que pilotea la muerte…
(Fragmento de “Pioneros”)

Pueblo Viejo, 1901. Los sembríos de cacao se extendían por los campos de la provincia de Los Ríos. Uno de los mayores productores de la “pepa de oro”, era “Juana de oro”, en la hacienda San Juan, propiedad de la familia Morla. En la casa de hacienda, donde trabajaba su padre, Rodolfo Estrada, como contador, el 17 de noviembre, nació Aurora, una de las voces más importantes del naciente feminismo en el Ecuador, con su defensa de los derechos de las mujeres, y como significativa representante de la poesía y narrativa de la época. 

Permaneció en la hacienda hasta los cinco años. “Sus primeros pasitos los dio en una escuela que había en la hacienda”, cuenta su nieto Alsino Ramírez. De ahí la llevaron a vivir en Guayaquil.

Su padre murió en 1912. La madre se hizo cargo del sustento familiar, tejía, bordaba, cosía. Y fue ella quien incentivó a la niña para que desarrollara su inclinación hacia la escritura, que le venía también de profusas lecturas en la biblioteca de uno de los tíos. Alsino cuenta que el primo del padre, Francisco Falquez, escritor, sería el que encaminó a la joven en el mundo cultural y literario. Fue una especie de “padrino” de las letras. Por el lado de la madre estaba su prima, la precursora del realismo literario ecuatoriano, Elisa Ayala. “Por todo lado había esa vena artística y literaria”. Con su poesía de ruptura, su voz hablaba de sensualidad, erotismo, sexualidad, maternidad. 

Cuando Medardo Ángel Silva murió, en 1919, su estremecedora poesía estimuló a los jóvenes poetas de la época. Para entonces Aurora tenía 19 años. Apenas había 90 mil habitantes en Guayaquil. En su casa se iniciaron reuniones de poetas, entre ellos, Joaquín Pino de Ycaza, Zaida Leti Castillo, Alfonso Rubén Irigoyen, Leopoldo Benítez Vinueza, Jorge Carrera Andrade, entre otros. Se llamaron Los Hermes y se juntaban para leer y criticar sus escritos, enfocándose en una nueva estética. Crearon la revista Hermes, que duró apenas tres números. Bebían vino en la tumba de Medardo Ángel Silva y, al terminar el círculo, rompían la copa, en homenaje al poeta que era su inspiración.

En 1936, el compositor Sixto María Durán escribió la obra para piano, “Melodía”, que se la dedicó a Aurora. Es una música dulce y melancólica, que habrá conmovido a la poeta y le habrá inspirado más poesía y más sueños.

Alsino, el nieto, cuenta que, aunque él era muy pequeño cuando Aurora murió, sabe que era dulce, amable, nunca levantaba la voz, tenía mucha empatía hacia el prójimo. Bajita y delgada, era muy cristiana. Siempre intercedía por sus nietos mayores que la llamaban “mamá número 2”. 

De cultura universal, gustos amplios, viajó a Argentina, Cuba, México, Italia, Suiza, Estados Unidos, Rusia. En ese país le impresionó ver cómo las jóvenes y los jóvenes llevaban siempre un ramito de trigo que significa paz. “Se conmovía porque ella abogaba por la paz”. Y, como sus actividades de poeta, articulista, narradora, educadora y política, y sus viajes, la mantenían muy ocupada, su tiempo no alcanzaba para la vida doméstica, entonces su prima René se encargaba de mantener todo en orden. Pero las fiestas eran siempre bienvenidas. Se reunían para navidad en la casa de Urdaneta y Avenida del Ejército, en el barrio Orellana. Allí, en el parquecito, hay un busto de la poeta, muy recordada por los vecinos que aseguraban era “una persona fuera de serie”. 

Aurora era comunista y su padre socialista. En 1963, cuando los militares, declarados anticomunistas, subieron al poder, apresaron al padre de Aurora y lo llevaron al penal García Moreno. Cuando iban a aprehenderlo, las mujeres de la familia salieron en su defensa, la abuela reclamó, la tía cacheteó al jefe del pelotón. Los militares le quitaron a Aurora la cátedra de Literatura española en la Universidad de Guayaquil. En 1964, en desagravio por semejante atropello, los intelectuales de Guayaquil le dieron a Aurora la “Lira poética Piedad Castillo de Levi”. En 1966 le fue devuelta la cátedra. 

Alsino nieto encontró en un baúl, poemas inéditos, uno de ellos “Niño extraño”, escrito a Alsino hijo, que era muy inquieto; cartas que les escribía a sus hijos, por quienes se preocupaba mucho. Que no enfermaran, que no les faltara nada. Correspondencia de 80 años, un tesoro que guarda su intimidad, su vida familiar.  

El nieto conserva fotos familiares, una sola de Aurora con su madre, unas con Alfonsina Storni, con Gabriela Mistral, con Eleanor Roosevelt. También tiene las máquinas de escribir que usó Aurora, un retrato pintado por Juan Villafuerte, un primer ejemplar de “Como el incienso”, de 1925, con dedicatoria a su esposo. Una tacita en la que tomaba café. La condecoración del ministerio de Educación cuando falleció, reconocimientos hechos a mano, premios. 

La compositora argentina Vero Bellini puso música a la poesía de 15 poetas representativas de América Latina. “La canción de las poetas” da vida a los poemas, con voces e instrumentos maravillosos. Están Alfonsina Storni, Sor Juana Inés de la Cruz, Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou, Josefina Plá, Alejandra Pizarnik y otras. De Aurora, la compositora escogió “El hombre que pasa”. El disco salió en 2023, el poema de Aurora en tono de milonga. 

Esa integridad de Aurora, esa preocupación por los demás, esa poesía profunda y bella, quedan en la memoria del país, por sobre cualquier momento de la historia. En su tumba hay un libro tallado en mármol con versos de su poema “Avatar”: “Pienso que el árbol siente, que la piedra medita…”

Aurora Estrada i Ayala

Fotografía original 1940, Quito.

Reconstrucción digital mediante IA y edición: Freddy Coello, 2026