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Patricia Naranjo PDF Imprimir Correo

“El teatro es parte fundamental de mi vida, de mi cotidianidad. Mis dolores y logros los relaciono con el teatro. Amo el teatro”

Apenas terminada su formación de bachiller viaja a México, “ a buscar qué hacer”,  a su regreso decide  probar en la Facultad de Artes porque el teatro la atraía, pero no estaba segura de que esa era la carrera.  No obstante, “apenas pisé el escenario me atrapó, fue como un enamoramiento que dura hasta ahora”.  Patricia descubre en el teatro esa posibilidad de trabajar desde lo más íntimo, concibe la actuación como una disciplina que responde a la necesidad de expresar y canalizar aquello que lleva dentro.

A la mitad de la carrera es tentada por Ilonka Vargas y María Escudero, quienes la invitan a participar en A la diestra de Dios Padre, enseguida forma parte del grupo Saltamontes (1979), dirigido por María e integrado por Elena Torres, Carmen Vicente y Diego Naranjo. Transcurren algunos años en el grupo llevando obras por todo el país; trabajan también teatro para niños, títeres. Si formalmente su carrera se cortó, no ocurrió lo mismo con su aprendizaje, estuvo constantemente en talleres de actuación, de voz, en danza y expresión corporal con maestros ecuatorianos y extranjeros.

Uno de los proyectos más importantes de esa época se dio cuando se juntaron artistas de diferentes líneas, como José Vacas, Wilson Pico, La Rana Sabia y Saltamontes para llevar a escena Crónicas subyugantes de una batalla,  obra que ha tenido la magia de seguir viviendo en cada grupo de manera independiente. Saltamontes la llevó por cuenta propia a un festival a Brasil y en Quito es todavía parte del repertorio de la  Rana Sabia.

Pasado algunos años, siente que es el momento de dejar el grupo; viene la maternidad y el primer receso con el nacimiento de su hijo; cada hijo marcará un momento de su vida pero también de su teatro, ella lo decidió desde siempre que esa era una manera de estar en los dos mundos. Sin embargo, aunque se alejaba temporalmente de las tablas, no abandonaba el oficio; aparecían proyectos como el trabajo con niños de la calle en San Patricio, con quienes tuvo una experiencia y aprendizaje extraordinario, para su vida y para el teatro, un episodio que le dejó muchas enseñanzas.

Patricia Naranjo es, sobre todo, actriz, porque no ha sido la convención del escenario la única posibilidad para desarrollar su carrera, ella es un personaje de el cine, la tele y lo fue también del radio teatro.

Sus mejores momentos en el teatro traen a su memoria Orquídeas a la luz de la luna, “es una obra a la que le tengo un profundo cariño, por el procesoque tuve, por Charo Francés  y Arístides Vargas, directora actoral y dirección general respectivamente, considero que fue mi mejor trabajo”, fue un proyecto propuesto por Tragaluz, que, dicho sea de paso, se inició con María del Carmen Burbano, María Beatriz Vergara, Rossana Iturralde y Patricia. Con este mismo grupo pusieron   Adiós siglo XX , de Abdón Ubidia, dirigido por Jorge Mateus,  y cuenta también como una experiencia plena; al igual que El muchacho del sótano, bajo la dirección de Carlos Díaz, de Cuba.

Ella dice que si bien en la televisión se abordan los personajes de distinta manera, son también un reto teatral, “en el Ángel de piedra por ejemplo, se dio un cambio con lo que fue La Casa de Bernarda Alba que se mantuvo muy pegada a lo teatral, en el Ángel… te pedían otro modo de actuación”.

Ha sido parte de las más vistas series de televisión y telenovelas nacionales. Admite que la pantalla chica abre puertas, que es un espacio donde la gente la conoce y reconoce.

El cine no quedó fuera de su ámbito, son varias las películas en las que ha colaborado. Su más reciente participación fue en Prometeo Deportado, que a pesar de haberla rechazado en un primer momento, porque aquello del casting no siempre le ha traído buenos resultados, terminó siendo un trabajo muy placentero, “conectamos con el director enseguida, igual con los demás actores y actrices; cuando hay un buen director todo funciona, creo profundamente en la figura de la dirección, mis mejores trabajos han ocurrido en ese formato”.

Y hablando de directores, tiene a Jorge Mateus como un referente importante, también como actor “cuando estudiaba en la universidad me encantaba verlo por su trabajo íntimo en el teatro, su mística y su amor por la profesión que es digno de admirar. Me deleitaba asimismo Isabel Cassanova; las actuaciones profundas son las que me gustan”. Así prepara sus papeles, aún la cuestión más superficial la aborda desde un trabajo interior.

A pesar de toda esta pasión por las tablas su vida ha sido una combinación entre madre y actriz. Ella es una observadora perenne, “veo a la gente y la relaciono con el teatro”. Esa mirada atenta la mantiene activa, pensando siempre en el siguiente proyecto y cómo lograrlo.

Genoveva Mora Toral

 

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