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Verónica Falconí PDF Imprimir Correo

“El teatro, por ahora, es el camino en mi vida hacia algún un sitio que no sé exactamente; lo importante es el paso hacia allá. Es en este caminar en donde tengo que estar atenta”.

Verónica empieza su acercamiento al teatro mientras estudia publicidad, se interesa en él y busca dónde formalizar esas inquietudes. Ese lugar será Bogotá, a donde se traslada, pero no decide por la escuela como tal, sino que se involucra con un grupo que tiene una escuela experimental.

Regresa a Ecuador, se enrola en la facultad de comunicación y simultáneamente en el teatro. Forma El Búho de Minerva, pone en escena y dirige: Mierditaciones siglo XX y Santas arrepentidas, el grupo dura poco tiempo. En esa búsqueda se encuentra con Contraelviento, y ahí ha permanecido por nueve años muy activos. Su trabajo ha sido intenso y los reconocimientos explícitos. Uno de sus logros está en la construcción de un lenguaje que la identifica, “Veo que tengo mucho por caminar  y eso me alegra. Caminar por lo desconocido es la búsqueda de un conocimiento. No sé a dónde quiero llegar, pero sí sé que no me quiero quedar quieta. Es una búsqueda hacia adentro”.

Sus primeros pasos en Bogotá los marcaron la presencia de Edy Armando del Teatro La Mama, él fue quien le contagió la pasión. Asimismo es contundente la figura de Patricio Vallejo “con quien logro encontrar lo que buscaba”, en el teatro y en la vida. Ellos son otra pareja teatral que brega incansablemente por lo que creen. No duda del teatro, son las circunstancias externas, conocidas por todos los que optan por el arte, las que a veces le dan más trabajo.

Teresa Rally y Tadashi Endo constituyen figuras paradigmáticas para Verónica Falconí, para quien todos los momentos de su vida teatral son una lucha consigo misma. A pesar de lo premios ganados en el dos mil seis en Mar del Plata, donde la reconocen como la mejor actriz por su interpretación de Eva en Al final de la noche otra vez. Mérito que también recibirá en Ecuador por dos años consecutivos en el Fite Q, dos mil siete y dos mil ocho, con La flor de la chuquirawa.

“Estoy enfrentada con mi ego, cuestiono mi modo de ser, la necesidad de ver hacia delante, mientras más adentro miro, veo que hay mucho que trabajar”.

Genoveva Mora Toral

 

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