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Susana Reyes PDF Imprimir Correo

FOTOGRAFÍA: Archivo – Nestor Tarazona
OBRA: “Amakuna”
AÑO: 1999

 

“He vivido un proceso, hoy creo que la danza es esencial, mi danza ha ido como retornando a lo profundo del ser”.

Más de treinta años transitando en la danza han hecho de Susana Reyes una protagonista de la escena ecuatoriana. En su historia dancística se acumulan sensaciones nacidas cuando apenas vislumbraba lo que sería su vida, desde ahí ha ido contruyendo, a tavés de un largo y minucioso aprendizaje. Este espíritu que hoy la gobierna, la lleva a difundir su trabajo por el mundo, igualmente a recoger el de innumerables bailarines a lo largo de estos siete años de Mujeres en la Danza, el festival, que junto a Moti Deren lo dirijen.

El Insituto Nacional de Danza es el primer eslabón de una carrera que continuará en México y Estados Unidos. Esto en lo formal, porque seguramente lo que más ha marcado su camino es ese “espíritu danzante” como ella lo denomina; el que le ha llevado a explorar primero en el folclor y luego en lo ancestral y lo sagrado, desde donde ha construido su “danza butoh andina”.

La búsqueda de Susana ha sido la búsqueda de la esencia del ser, como ella ha señalado. Y, es en ese camino donde se encuentra con la danza butoh, que le permite entender muchas cosas que venía planteándose en su afán de encontrarse con lo primigenio. Así inicia una fusión de códigos de la cosmovisión andina y los de la danza butoh.

Desde mil novescientos ochenta y cinco, junto a Moti Deren –músico y compositor- han producido un importante número de coreografías. Ellos son otra de las parejas que han laborado y compaginado sus lenguajes para crear una obra que los identifica.
Walmiaku, Los mantos, Cantuña, Oscuranto, Sueños blancos, Así misma, Yo mujer, niña y gaviota, Niño corazón, Mujeres de la maquila, Amakuna, Memorias de arcilla, Días de agua, maíz y luna, Los cuatro pasos, y  su últmo estreno, Flor de Hiroshima, son la cocecha de estos intensos años de trabajo.

A partir de mil novescientos noventa y dos, funda La Casa de la Danza, espacio donde han integrado, especialmente a mujeres,  a través de su filosofía y de su concepción de la danza como herramienta curativa, para el espíritu y el cuerpo: Danza para la Vida, dirigido a sectores vulnerables de la sociedad. Crea también el primer colectivo de danza formado por mujeres sanadoras: Danzantes de la paz.

Genoveva Mora Toral

 

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