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Rocío Reyes PDF Imprimir Correo

“El Teatro es viajar en ese laberinto abriendo puertas que me lleven a jugar con la verdad”

A Rocío  también la “atrincheró” la casualidad,  un día del año mil novecientos ochenta y tres llegó con Nixon, su compañero de teatro y de vida, a ver un ensayo de El tejedor de sueños, al que la actriz no llegó “y como no se podía suspender la obra”,  terminó improvisando en el escenario de Manta, del cual no se ha bajado.

Bolívar Andrade fue el gran impulsador del teatro en esa ciudad. Él desde la literatura les mostró un mundo extraordinario, que para un grupo de jóvenes se tradujo en teatro; sin, exactamente saber cómo ni por dónde caminar.  No tenían capacitación alguna, la intuición los guió en los primeros momentos.

El grupo La Trinchera había nacido en el ochenta y dos en el seno del Colegio 5 de Junio, convocados por Bolívar Andrade. “Hasta ese momento nadie podía apostar que empezaría a escribirse la historia teatral de la ciudad de Manta”. Más aún cuando su gestor sintió que el grupo necesita conocimientos técnicos y les dejó el camino libre para buscarlos. En ese momento Nixon García y Rocío Reyes se integran a este empeño. “Éramos cuatro mujeres en el grupo, pero lamentablemente, soy la única que ha sobrevivido en este oficio, porque el esquema machista de nuestra sociedad fue un gran obstáculo”.

“Es como haber estado parada en una gran Vía, y no saber qué rumbo tomar”. No existían escuelas de arte. Era imperativo dejar el empirismo y acceder a una formación más sistemática. Los primeros talleres los reciben de Luis Martínez y José Morán. Luego, a través del apoyo del departamento cultural del Banco Central y la Universidad Eloy Alfaro de Manabí, llegan para aportar su cuota:  María Escudero, Christoph Baumann, Bruno Pino y Tamara Navas.

Llegaron también  Arístides Vargas y Charo Francés con quienes se estableció un nexo profesional muy estrecho, tanto, que durante veinte años lo han mantenido. Ellos les dieron muchas herramientas para entender y hablar a partir de la identidad de  su resguardo manabita.  Para no dejar de hurgar en  “la piel, en el torrente sanguíneo, en la memoria, en la verdad, en la fuerza, el juego, etc.”.

Rocío está convencida de que el teatro no es un momento.  “No creo en el mejor momento, estoy convencida de que quiero seguir explorando, con todos mis sentidos, por que una actriz, un actor, debe estar en una permanente investigación”. Sabe que el teatro es un viaje permanente, un laberinto en donde no se ha rendido, un escenario por el que ha pasado con Bandaís, con El cuco de los sueños, con Ana, el mago y el aprendiz, con Tres viejos mares, La travesía, Malanoche, El zaguán de aluminio. Sabe con seguridad que lo que le mueve es la pregunta constante, la incertidumbre de cómo, para qué y por qué.

Ella y su grupo han sido los pioneros del teatro mantense , los anfitriones y autores del Festival Internacional de Manta que ya lleva más de dos décadas de existencia.

Genoveva Mora Toral

 

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