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Mirella Carbone PDF Imprimir Correo

“Mi especialidad es el movimiento,  en él estoy esculpiendo, pintando, estoy dando palabras con mi cuerpo, y si me alimento con otras artes, tendré mayor capacidad de agregar a mi propuesta”.

Personaje importante de la escena peruana, ligada a Ecuador por los afectos y la danza. Ha mantenido un nexo importante con directores y bailarines de nuestro país. Junto al grupo Sarao y a Luis Mueckay,  fue fundadora de la primera Escuela de Danza Contemporánea de Guayaquil en el año ochenta y nueve. Asimismo se involucró, en esa ciudad, en un proyecto de apoyo a los sectores populares. Participó con Muerte Vieja en el Primer Concurso de Coreografía del Ecuador y lo ganó.  Trabajó con Teatro Ensayo Gestus y montó Gali Galápago. Dirigió  Deshojando a Margarita, por invitación de Susana Nicolalde.  Y, cuatro años después Jaula de viento para la Corporación Tragaluz.

Mirella estudió  danza desde los seis años, ballet. “Sin querer me hice profesional, ni siquiera lo pensé. Sucedió nada más”. Abandona la danza a los diecisiete años y la retoma luego de casi una década. Su estadía en Italia durante tres años le permite vivir y hacer lo que hacen todos los jóvenes: enamorarse, turbarse y no saber qué mismo era lo que quería estudiar porque, por entonces, pensaba que la danza no era una profesión.

“Hasta que por intermedio de una terapia entré a Cuatrotablas el grupo de teatro corporal, estuve dos años, allí y me di cuenta que en realidad lo que me apasionaba de la escuela era el movimiento”. Su reencuentro con la danza se da en la época que vivió en Ecuador, sucedió “mirando a un bailarín ecuatoriano, que es Wilson Pico…cuando lo vi fue una sensación muy especial, la pieza que yo vi no era para llorar, pero yo lloraba. Me decía y quiero hacer esto, esto es lo mío”*.

A partir de ese momento la decisión estuvo tomada, y como no había donde estudiar, decide abrir un taller, gratuito, para gente interesada en el movimiento y en la investigación. “Vinieron dieciocho personas: un cantante de ópera, tres actores, una sicóloga, un publicista y gente distinta que se pasó la voz”. Todo esto sucedía en Guayaquil, donde le prestaron un teatro, y comenzó una búsqueda que no ha terminado aún, pero que le ha permitido logros inmensos. En realidad, la creación de una obra solvente. La metáfora ha sido una de sus obsesiones, siempre buscándola y traspasándola a imágenes, “el asunto es cómo las movía”. Es el Haiku el que le da una de las respuestas, por su ritmo y expresión, en una escritura mínima. Porque para Mirella la coreografía no es el desafío físico o el virtuosismo, sino el poder estructurar esa inspiración o idea primera, en movimiento cargado de significación.

Para Mirella Carbone hay un parte vital de la creación y es el proceso.  “A veces los procesos son mucho más lindos, más emocionantes, más vibrantes que el resultado mismo, y creo que en eso está la creación, en disfrutar lo que es tu proceso. ¿El resultado? aquí está, te lo entrego”* :

Muerte vieja, Paso doble, Platos rotos, Deshojando margaritas, Embrujo de bolero, Caja negra, Safo, Llevo varias horas sentada, Védova in lumine, Muchacha del demonio, Delito de noche, Convidada de piedra, Jirafa urbana, Mujer con perro y matachola; entre otras tantas.

Actualmente es maestra de danza del TUC-Teatro de la Universidad Católica del Perú. Mirella lleva décadas bailando y haciendo de la danza una herramienta social. Su carrera ha estado ligada a un trabajo comunitario en beneficio de sectores débiles como los niños y las mujeres.

Genoveva Mora Toral

 

* Entrevista realizada por Tatiana fuentes en junio de dos mil ocho.

* La casaquebaila.com

 

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