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Martha Ormaza PDF Imprimir Correo

“Una vida que no cambiaría por ninguna otra… aunque hubiese billete de por medio”

Pareciera que una constante en el nacimiento de actrices es la contingencia. Martha llegó un día de acompañante de una amiga a un ensayo al que una de las actrices faltó. Se ensayaba En los ojos vacíos de la gente, de Paco Tobar García, “el loco que me enseñó a amar el teatro”. Ella reemplazó a la ausente y Raúl Guarderas, el director, la convenció de que era una actriz natural, de que su obligación ética era quedarse en el escenario. “Y, para rematar, con su retumbante voz de actor clásico…con la advertencia en el dedo índice, sentenció mi destino: ‘Cuántos talentos te di y cuántos me devuelves’… No lo digo yo, lo dice la Biblia”. ¿Quién podía entonces oponerse? Además de que Martha, ese día que subió al escenario, sintió “un vértigo” del que no ha podido ni querido librarse y ha permanecido en él por veinte y cuatro años.

Su carrera empezó “cuando los actores de Favio Paccioni y los de Paco Tobar dejaban su oficio o estaban desarticulados, se habían dedicado a la docencia o a quién sabe qué actividad”. Corría el año ochenta y cinco cuando llega al Patio de Comedias, donde toda la actividad se desarrollaba alrededor de Raúl Guarderas y su esposa María del Carmen. Ellos aglutinaban con su entusiasmo a actores de todas las edades. El Patio se convierte entonces en ese espacio donde maduró sus personajes, creó lazos profesionales y de vida. De hecho hoy se las conoce como parte  del Elenco del Patio.

De ahí para adelante no ha parado de trabajar, tanto en el teatro, como en el campo de las leyes que es su profesión paralela. Martha ha participado en una importante número de gestiones y proyectos sociales a favor de los jóvenes y las mujeres.
En las tablas, además de ser parte del trío más famoso de la comedia: Las Marujitas; ha desempeñado papeles diversos,  participado en cine y televisión.

Inquieta, carismática, comprometida con su fama.  Sabe que “el mejor maestro, el más exigente, el más difícil y a la vez el más generoso y veraz es el público, ante quien cada noche me allano e inclino la cabeza con respeto, afecto y humildad. Cada representación me enseña algo nuevo, me recuerda lo que ya olvidé, aprueba lo acertado y hace un frío silencio frente a mi error o a mi falencia”. Por eso y por su propia convicción, por una necesidad constante de crecer, Martha ha explorado nuevos posibilidades en el teatro: la dirección y la dramaturgia, de la que da cuenta en Oh Limbo, La vida vale V y Terceto.

En el Teatro:
El miedo imaginario de Amparito A; La Marujita se ha muerto con leucemia; Dio; Las criadas; La Marujas entre tereques; Trama, dama y chocolate; La mierda; Monólogos de la Vagina. Entre otras

En el cine:
La casa de Bernarda Alba; La última escapada.

En la Televisión:
Fiebre de amor, Pasado y confeso, Dejémonos de vainas, De la vida real. Miniseries: Los Sangurimas, El chulla Romero y Flores, El milagro de las cuevas.

Genoveva Mora Toral

 

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