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María Beatriz Vergara PDF Imprimir Correo

FOTOGRAFÍA: Archivo – Eduardo Quintana
OBRA: “Adiós Siglo XX”
AÑO: 1992

 

“El convivio es la etapa de confrontación de ideas en el que se despliegan pasiones, puede ser fantástico y doloroso también”*

“Mis antecedentes como actriz no son más que ciertos esbozos mínimos de algún histrionismo, pero nada concreto. Absolutamente nada porque ni siquiera hay una referencia que tenga que ver con el colegio, o que la familia haya gustado del teatro”.* Otra y mil veces la casualidad, otra actriz que nace sin pensarlo, que llega a un teatro a mirar un ensayo y no sale más de él.

Convencida de que la mejor arma en el teatro es la intuición, de que ninguna teoría se iguala a esa parte que de ella que le dice cuál es la clave; ha caminado largos años por las tablas en obras de distinta factura. Pasó por El retablo jovial, disfrutó de La lección de la luna, se detuvo con La cantante calva, y dijo Adios siglo XX. Estas, algunas de las obras en las que tomó parte, antes de su etapa más reciente en la que se mete de lleno con la dramaturgia de Peky Andino.

De las obras de Andino destaca Medea, donde María Beatriz consigue su papel más contundente. Una obra en la que ella reconoce el riesgo, sabe del equilibrio que debe mantener  “si le pongo una dosis mínima más de dolor… se vuelve un melodrama de mierda... Si le pongo una dosis de cabreo… se vuelve un panfleto”.*

Después de casi veinticinco años de actuación decide ponerse al frente de la obra, lo hace con Función contínua y se atreve a dirigirse ella misma en Que te perdone Dios, yo no. Igualmente se dirige en obras de su última producción, donde también opta por un estilo de teatro totalmente distinto de que hasta ahora había hecho, el stand up comedy: Ser mamá o morir en el intento y Jarabe de pico, con guiones de su autoría.

Es también autora de decenas de guiones, montajes para la radio y adaptaciones hechas para la televisión, donde por cierto ha tenido presencia. Como muestra: La casa de Bernarda Alba, El segundo enemigo, La gillet, Zona obskura, De la vida real, Historias personales, Los que se quedan y los que se van, o As de Corazones, Corazones cautivos, Sandunga con alas, Una princesa sin cuento de hadas, La Torera, Manuela Sáenz.

Un bagaje que lleva consigo, en el que también está la memoria de sus maestros, pero sobre todo la imaginación, “sin imaginación no hay memoria que valga. No hay teoría que se sustente. No hay escuela que se compruebe”.**

Genoveva Mora Toral

 

* El Apuntador #19. Entrevista realizada por Santiago Rivadeneira

 

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