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Chavica Gómez PDF Imprimir Correo

FOTOGRAFÍA: Archivo – Banco Central del Ecuador

 

A pesar de los escasos  registros del teatro de las primeras décadas del siglo XX, y del poco cuidado por construir una historia del Teatro Ecuatoriano, el  nombre de  Chavica Gómez, vive en la memoria de quienes la recuerdan en las populares estampas quiteñas.

Pero Chavica es más que eso, es una de las mujeres pioneras de nuestro teatro. Debutó en el escenario a los treces años, a instancias de su hermana Olimpia. Cumplidos los dieciocho regresó a las tablas para quedarse y brillar.

A los diecinueve estaba casada con “Don Evaristo” y había formado parte de la Compañía Nacional de Alta Comedia,  y  más adelante, de la Proaño-Albán. A finales de los años treinta, Chavica se convierte en la más destacada actriz dramática. Ella había probado también su versatilidad en las famosas estampas quiteñas, donde debutó como Marlene, en La quincena de mi mujer. Una profesional que realmente amaba  su oficio y lo ejercía a pesar de las inmensas dificultades y peripecias que significaba trasladarse en las giras, por caminos infernales y con dos niños pequeños y otro en camino.

Los inconvenientes y la complejidad de mantenerse en un trabajo tan exigente, no fueron obstáculo para esta mujer; vivía la mística de este arte y lo defendía en el escenario. Dedicación y logro, que por cierto, no ha sido seriamente valorado. De ella, como de tantas otras, por varias razones; entre ellas la ausencia de una reflexión sistemática del teatro y también por la mentalidad de esos años. Mucho más respetado era un actor que una actriz, por eso el reto para Chavica y sus contemporáneas, era doble. Más de dos décadas dan cuenta del trabajo de esta valiente mujer que pasó por alto todas las incomodidades sociales que su oficio le acarreaba. Su última representación lo hizo como Berta, en La Sombra, de Nicodemi. Su historia personal está en los diversos personajes que interpretó en La llama sagrada, en Cándidad, Doña Diabla, El Padre Pitillo, La tía de Carlos, entre tantas, además de las Estampas Quiteñas.

Genoveva Mora Toral

 

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